La controvertida normatividad del lenguaje

La norma, algo que los estudiosos del lenguaje cuestionan y que está muy bien que lo hagan, ¿para qué la necesitamos?

Una vez, en una clase de facultad —yo estudio Corrección de Estilo—, estaban enseñándonos a usar los signos de puntuación, la materia no era específica de la carrera, sino que era una materia en la que se enseñaban cuestiones políticas de la facultad. Los docentes no estaban interiorizados en la normativa vigente para el uso de algunos signos de puntuación, en particular, el uso de las comillas. Estaban enseñando que una de las funciones de las comillas era la de marcar el metalenguaje y, además, utilizaban las comillas inglesas, en lugar de las latinas. Como ustedes ya deben de saber, en español, se utilizan, en primer lugar, las comillas latinas, en segundo lugar, las inglesas y, en tercer lugar, las simples. Además, el marcar el metalenguaje no es una de las funciones de las comillas, el metalenguaje lo marcamos con cursivas.

Ante esta equivocación en la enseñanza de la función de las comillas, una compañera, que también era estudiante de Corrección de Estilo, le indicó al profesor que normativamente esto era incorrecto. A lo que el profesor le responde: «¿Qué es la normatividad?».

Es una pregunta interesante, filosófica, que todo profesional del lenguaje debería hacerse. Está muy bien ser críticos con la norma y está muy bien tomar decisiones que vayan más allá de la normativa, pero no debemos olvidar que hay una diferencia entre el habla oral y el habla escrita.

En el habla oral, no existe hablante nativo que no quebrante la norma, todos cometemos errores gramaticales. Esto tiene relación con la espontaneidad de la oralidad. Además, contamos con otras herramientas que nos permiten explicar nuestro mensaje si nuestro interlocutor no nos entendió, hay un diálogo directo y contamos con la gestualidad.

En el habla escrita, en cambio, los errores pueden ser muy peligrosos. Nuestro lector va a interpretar nuestro mensaje según lo que hayamos escrito y cómo lo hayamos hecho, en la mayoría de los casos, no podrá preguntarnos qué fue lo que quisimos decir. Esto es clave para responder a la pregunta del profesor, la normatividad nos permite comunicarnos y entendernos. ¿No es el comunicar la finalidad del lenguaje? Si la comunicación falla, es porque el lenguaje falla. Si el escritor utilizara símbolos distintos a los previstos para cada letra del abecedario, si utilizara sus propios signos de puntuación y representara el habla como quisiera, entonces, la comunicación no podría darse. El lector se vería totalmente confundido. La normativa nos permite compartir la misma experiencia y recibir el mismo mensaje. Si un mensaje es ambiguo, podemos tener dos motivos: 1) El autor lo quiso así. 2) El texto está mal redactado. En la mayoría de los casos, el motivo es el segundo y la principal dificultad es que no se respeta la norma.

Pensemos en nuestro ejemplo de las comillas. Muchos podrían pensar: «¡Tanto problema por unas comillas!». Bueno, sí. Las funciones de las comillas latinas son, según lo expresa José Martínez de Sousa (OOTEA 3, pp. 338-340): 1) Encerrar citas directas. 2) Encerrar palabras, sintagmas u oraciones que se utilizan como significado de otro. 3) En las obras literarias, para encerrar los textos que expresan pensamientos en cita directa. 4) Encerrar palabras o frases que expresan ironía. 5) Encerrar los títulos de partes importantes de obras o publicaciones. 6) Encerrar títulos de conferencias y discursos. En definitiva, lo que me interesa destacar es que, si un escritor les da a las comillas un uso diferente del que les corresponde, el mensaje estará sujeto a la libre interpretación del lector.

¿Cuántas veces hemos tenido que leer un párrafo una y otra vez porque no logramos desentrañar qué nos quieren decir? La solución es sencilla: respetemos la norma, redactemos mejor y nuestro mensaje va a ser claro.

19 comentarios en “La controvertida normatividad del lenguaje

  1. ¡Gracias por seguir mi blog “manologo”! Aunque mi estilo no esté a la altura, escribo y trato de hacerlo de acuerdo a las reglas de la lengua española, aunque a veces me las salte a la torera (supongo que es mi tara profesional, redactando publicidad hace casi 48 años ya….). ¡Ojalá te guste lo que leas y no ande muy descaminado! 🙂

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  2. Hay movimientos literarios que estudiamos cuya principal misión es desarmar el lenguaje, romper la norma. Las vanguardias, por ejemplo. Otro ejemplo, la literatura de mediados del siglo XX, ahí tienes a Joyce o al mismo Delibes en Los santos inocentes. Y si nos plantamos en el día de hoy, Patria, de Fernando Aramburu, es un excelente ejercicio de coger las normas y darles una patada. Los narradores se suceden sin orden aparente, sin una lógica. Y, sin embargo, llega al público. Se comunica con él y logra ser entendido.

    Con esto no quiero decir que haya que ser incorrecto, quiero decir que en lengua escrita, cuando se trata de literatura, a veces no usar la norma no impide la comunicación. Otra cosa distinta es cuando no hablamos de literatura.

    Muy interesante el artículo.

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    1. Mayte, muchas gracias por tu comentario. Realmente es así. La literatura juega constantemente con el lenguaje y eso es bellísimo, incluso a veces le gusta confundirnos, nos hace dudar y desarrollar nuestra imaginación. Sin duda alguna, los escritores tienen permitido romper con la norma, pero cuidado, una cosa es romper con la norma a conciencia y otra muy distinta es romper con la norma porque la desconozco o no la tomo en cuenta. Los lingüistas se han encargado siempre de cuestionar la norma y los propios correctores lo hacemos, pero también somos conscientes de que la necesitamos, sobre todo, cuando se trata de textos que buscan ser concretos. Muchas veces, ocurre que la ambigüedad está por distracción y no porque sea lo que se está buscando. Abrazo.

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      1. Completamente de acuerdo con lo que dices. De hecho, creo que para romper las normas del lenguaje lo primero que hay que hacer es conocerlas perfectamente. De otro modo no sería una ruptura, directamente sería un error. En los textos académicos, periodísticos o ensayos es mejor dejarse de tonterías y atenerse a lo correcto, sobre todo porque podemos armar un buen lío si decimos algo que no queremos decir.

        Un beso.

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  3. Felicitaciones, Cecilia, por esta nueva página y sus artículos! Te deseo el mayor de los éxitos. Te lo merecés, porque sos una excelente estudiante (que este año dejará de serlo) y porque te sobra capacidad. Suerte! ☺

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