Reflexiones sobre el 5.o Congreso Internacional de Correctores de Textos en Español (5CICTE)

Del 16 al 18 de noviembre de 2018 tuvo lugar en Colonia (Uruguay) el 5.o Congreso Internacional de Correctores de Textos en Español (5CICTE). Fue una instancia muy productiva de intercambio entre diversos profesionales de la lengua: correctores, editores, traductores, docentes de español y de literatura, entre otros afines. Escribo esta entrada con el fin de hacer un racconto de los temas que considero más relevantes tratados durante el congreso.

En primer lugar, fue interesante observar la diversidad de rubros que la corrección de estilo abarca. Existen correctores de estilo especializados en diversas áreas: lenguaje médico, científico, jurídico, administrativo; lieteratura: cómics, diálogos teatrales…; otros especializados en la traducción, como, por ejemplo, doblajes de películas; entre otras. Estas son solo algunas de las áreas en las que los correctores pueden especializarse, hay muchas más y muchas que probablemente aún están por desarrollarse. Cada área requiere un tratamiento especial, el corrector debe adaptarse a cada género discursivo. Me pareció relevante difundir esta información, ya que muchos creen que el corrector se dedica pura y exclusivamente a la literatura, pero la realidad es otra, la corrección abarca muchas otras áreas y así debe ser.

En segundo lugar, es necesario que tanto las universidades como las empresas ofrezcan talleres para que los estudiantes y trabajadores mejoren su redacción. La comunicación efectiva evita ambigüedades, malos entendidos y previene posibles disgustos y desilusiones de quienes nos leen. Hay una creencia muy difundida de que la escritura es un don con el que algunos nacen, pero esto no es real; si bien, como en cualquier arte o actividad, el talento juega un rol importante, escribir es una habilidad que puede aprenderse y perfeccionarse, nadie nace sabiendo, cualquier destreza puede desarrollarse con dedicación y esfuerzo. Por otra parte, hay quienes creen que escribir solo consiste en no tener faltas de ortografía y tener un léxico amplio, pero eso no es todo, escribir bien es saber ordenar las ideas, es aprender a ser conciso y preciso, es conocer las normas de puntuación y gramática, entre otras muchas cuestiones técnicas que se aprenden a través de la formación académica. La escritura es un medio de comunicación que utilizamos todos los días, muchas veces al día, en situaciones más o menos formales: ya sea para escribirle a un amigo un mensaje de texto, para hablar con compañeros de trabajo o clientes por correo electrónico, para comunicarnos a través de las redes sociales, para sacar apuntes, para vender productos, para difundir información y podría seguir listando situaciones… Muchas veces nuestros escritos son la imagen que otros tienen de nosotros, son el medio por el que otros nos conocen y pueden formar una opinión sobre nosotros y lo que ofrecemos.

En tercer lugar, además de la necesidad de que estudiantes y empleados cuenten con instancias de formación para mejorar la escritura, también es relevante que las empresas contraten correctores de estilo. Un buen escritor debe aprender a redactar de forma efectiva, pero, además, debe contar con un corrector de estilo. La cercanía con el texto no les permite a los escritores detectar sus propios errores, el haber leído el texto tantas veces y el hecho de que a quien escribe lo que más le preocupa es el contenido hacen que tenga una cercanía emocional con el texto que limita la posibilidad de ser críticos. El corrector de estilo es un observador externo del texto, profesional y crítico, que puede detectar los más recónditos errores, aquellos que el propio escritor nunca hubiera detectado. Los propios correctores de estilo cuando oficiamos de escritores debemos contar con correctores de estilo que corrijan nuestros trabajos. Es de suma importancia que no solo las editoriales cuenten con correctores de estilo, sino que también las empresas públicas y privadas de todos los rubros lo hagan, ya sea para que sus comunicados internos sean más claros o para que la comunicación con sus clientes sea efectiva.

Sigamos insistiendo en la importancia de la buena redacción, sigamos creando instancias de reflexión y debate sobre la lengua y sobre sus usos. Hablantes reflexivos pueden cuestionarse más, ser más críticos y, como consecuencia, más claros. El contenido de lo que decimos es importante, pero, si no logramos expresarlo de forma efectiva, no va a lograr el efecto esperado en los lectores. Preocuparnos por la forma en que escribimos es ser respetuosos con quienes nos leen.

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